Tahuantinsuyu / Encuentro con una civilización admirable

“Allá donde tú solo puedas imaginar, ahí se reúnen tiempo y espacio”. 

Desde hace tiempo tenía la asignatura pendiente de conocer Perú y, como todo en la vida, llegó mi primera vez. La invitación vino de parte de PromPerú, el organismo peruano de promoción turística; la aerolínea LATAM, y el hotel explora, en el Valle Sagrado.

Y si se viaja por primera vez y no se tienen conocimientos de Perú, lo mejor es hacerlo así: comenzar la visita por el Valle Sagrado y desde allí llegar a Lima, la capital. Es como, en gastronomía, conocer primero los ingredientes, sus colores, perfumes y sabores, y luego ver y saborear el plato terminado.

El vuelo nos lleva a Lima y en conexión a Cusco. O sea, pisamos las dos ciudades que luego vamos a conocer, pero de paso. Tras un viaje por tierra de alrededor 1,45 horas, llegamos a destino.

Ubicados en explora, que oficia como “campamento base”, se inicia una auténtica exploración del Valle Sagrado, que se ubica entre Cusco y la ciudad sagrada de Machu Picchu.

El hotel está ubicado junto a un caserío llamado Urquillos y muy cerca del río Urubamba, en un fértil valle que era utilizado por los incas para sembradíos, actividad que actualmente se renueva con maíz.

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Y, al mencionar a los incas, estamos adentrándonos en este viaje iniciático de su historia, su cultura, su sabiduría y la fuerte impronta que dejaron en varios países de Sudamérica. No voy a hablar de imperio inca, ya que esa palabra tiene, invariablemente, connotaciones de otras culturas y de coloniaje.

Me voy a referir al “incario”, adueñándome del término que utiliza la escritora María Rostworowski en su Historia del Tahuantinsuyu (nombre que se le dio al incanato), libro que recomiendo para conocer más sobre los incas.

Lo concreto es que los incas ocuparon una vasta región de más de 4.000 kilómetros, desde el sur de Colombia hasta la región del Bío Bío, en Chile, y alcanzaron una población estimada en 12 millones de habitantes.

Más tarde voy a volver sobre esta maravillosa civilización precolombina, cuya huella se mantiene inalterable en el Perú.

A explorar

Dije que explora, el hotel del Valle Sagrado donde nos alojamos, funciona como campamento base para las exploraciones. El programa que brinda suma más de 20 circuitos, de más o menos nivel de dificultad; de trekking o en bicicletas, de medio día o de jornada completa, y excursiones overland, un tramo en vehículos y el resto caminando. Es decir, una variedad para todos los gustos y expectativas.

Eso sí, los paisajes, las experiencias, la interacción con los habitantes naturales, muchos de ellos descendientes de aquellos incas, su costumbres y cultura, están presentes en todos los circuitos.

En el grupo del que formé parte hubo dos elecciones: unos nos dedicamos al trekking y otros al mountain bike.

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En trekking hicimos dos excursiones que no se pueden obviar: a Ollantaytambo y a Cusco. Una tercera recomendable es a Chincheros, un pueblo andino donde el fuerte son los tejidos típicos.

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Ollantaytambo

El bus nos deja en el borde de los andenes (terrazas escalonadas donde cultivaban los incas y hoy se sigue haciendo) y desde allí una breve caminata nos deposita en la antigua puerta principal de Ollantaytambo.

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Es un poblado, antigua sede religiosa y bastión en la defensa del incario contra los invasores españoles, que mantiene todas las características de las ciudades incas: callejuelas estrechas, empedradas, construcciones de piedra y canales de agua, siempre con el mismo caudal e idéntica correntada.

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Luego de una recorrida por el pueblo, a tomar fuerzas y subir los casi 200 escalones atravesando andenes de cultivo, de resistencia y ornamentales, para llegar a la cima, donde resaltan el Templo del Sol (la deidad más importante de los incas) y la fortaleza, a 2.950 msnm.

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A esa altura -del recorrido y desde la base- es imposible abstraerse a la admiración que provocan esas construcciones realizadas con enormes piedras de toneladas de peso.

A Ollantaytambo le llaman la “ciudad inca viviente” y no es una exageración: allí puede uno descubrir y asombrarse con las capacidades de los antiguos dueños de esas tierras.

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Pero, además de sitio arqueológico, sagrado y fortaleza, quedan allí otras muestras de la maravillosa cultura inca, como el sistema para refrigerar y conservar los alimentos. Son las collcas, construcciones levantadas en las laderas de las montañas, con numerosas aberturas por las que circulaba el viento y mantenía los alimentos frescos.

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Cusco

Qosqo, como le llamaban los incas, o Cusco, como fue luego designado por los colonizadores, es considerada la capital del incario.

Si nos atenemos a una de las bibliotecas sobre el significado de la palabra Qosqo, la del Inca Garcilazo de la Vega, se traduce como “el ombligo de la tierra”. Por una cuestión de empatía, adhiero a esta.

También es llamada “ciudad puma” y en la foto siguiente está la explicación:

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La excursión a Cusco comienza también en bus, hasta el Parque Arqueológico de Saqsaywaman, cercano a la ciudad. Allí el asombro vuelve a ganar la vista y los sentimientos.

El vasto sitio arqueológico se yergue en medio de la naturaleza sin romper la armonía con ella, otra constante de los incas: su respeto absoluto por la Pachamama (la madre tierra).

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El complejo, se cree, demandó 50 años de obras y el concurso de más de 20.000 hombres mediante el sistema de mita, trabajo como tributo, a cambio de comida y techo, muy utilizado por los incas. Funcionó como una especie de servicio al estado, que tenían que aportar por el término de tres años.

Como el incario sobrevivió solamente un siglo, se considera que Saqsaywaman estaba todavía en proceso de construcción.

Es imposible no asombrarse ante los torreones, ubicados sobre los baluartes (murallas en zigzag); los recintos o habitaciones, en lo más alto; las puertas, con forma trapezoidal, ubicadas en los baluartes, y las chincanas o túneles, que se cree utilizaban los incas para la defensa del lugar.

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También es admirable el trabajo de los canales, a cielo abierto y subterráneos, con los que llevaban el agua desde un gran reservorio que había allí hasta la ciudad.

Luego de una caminata, en bajada, por amplios veredones cubiertos por piedras (los incas construyeron 40.000 kilómetros de caminos y rutas), arribamos a Cusco.

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Ingresamos por las callejuelas del barrio colonial de San Blas, hoy reducto de artesanos, artistas, ateliers, bares y bohemia. Es llamativo el nombre de las calles: siete angelitos, siete ventanas, siete culebras o siete asnos, lo que revela el carácter cabalístico del siete.

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Tras ese transcurrir laberíntico, llegamos hasta el antiguo templo de Corincancha, sobre el que se levantó el convento de Santo Domingo; continuamos el recorrido por callecitas estrechas, encerradas por gruesos muros de piedras adosadas de tal forma que no hay intersticios entre ellas, entorno que nos hace retrotraer nuestra imaginación a más de 500 años atrás.

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Y en ese escenario secular, el guía se detiene, señala una de las paredes y dice: “Acá tienen la piedra más fotografiada del mundo”. Se trata de la piedra de 12 ángulos, en la calle Hatun Rumiyoq, una las paredes laterales del palacio del Inca Roca. Y uno de los miembros del grupo se liga un reto: “La piedra no se toca”, dice el guía con autoridad.

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Hasta que desembocamos en la Plaza de Armas, donde una placa marca la cancha con el indomable espíritu de los incas:

“A los 500 años gloria y honor a las víctimas anónimas de la invasión y a los héroes de la resistencia andina. Y no podrán matarnos. Qosqo, 12 de octubre de 1992”.

A un costado, la Compañía de Jesús, más grande que la Catedral, que está en otro costado de la plaza. Allí también estuvieron los jesuitas hasta que fueron expulsados y dejaron su impronta.

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Para ir terminando, el museo de Arte Precolombino, el mercado de San Pedro, galerías de arte y las numerosas tiendas de souvenir de los alrededores.

Cusco merece más de un día para conocerla mejor.

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Por último, una advertencia: como el viaje implica moverse entre los 2.800 metros en que se encuentra el hotel explora Valle Sagrado y los 3.400 de la ciudad de Cusco, es común verse afectado por el soroche o apunamiento; por lo tanto, conviene prever el primer día para aclimatarse.

También hay que tomar mucha agua, no comer muy pesado antes de una excursión y tomar té de coca.

Este viaje continúa… vamos a Lima.

Notas relacionadas:

http://checkinnews.info/2016/09/11/un-viajero-redim…cias-a-los-incas/

http://checkinnews.info/2016/09/11/explora-valle-sagrado/

Cómo llegar:

Desde Córdoba es posible llegar a Cusco vía Lima, con LATAM. La tarifa es

U$S 657 dólares.

Ventas & Consultas LATAM: 0810-9999-526 / www.latam.com