¿Qué vas tu a tomal, mi amol?

Por Vasco Erramouspe

Para firma

 

El grupo había quedado en reunirse en el lobby del Riu República de Punta Cana (www.riurepublicapuntacana.com) a las 18, para ir juntos a un cóctel y luego a la cena.

Juanito se adelantó y, sentado cómodamente en el lobby bar del hotel, revisaba sus correos y mensajes en el celular.

De pronto, más que ver percibió una presencia a su lado, levantó la vista y se encontró con una amplia y linda sonrisa, de blanquísimos dientes, rodeada de una cara morena y unos verdes ojos deslumbrantes.

Era el rostro de Aísa, la bella moza que le estaba haciendo la pregunta: ¿Qué vas tú a tomal, mi amol?

La sorpresa de Juanito fue tal que titubeó… no sabía qué pedir. Además, el sistema all inclusive con el que estaba alojado hacía más difícil todavía la elección: estaba todo incluido, desde un jugo hasta un café, pasando por la interminable barra de licores y bebidas con alcohol.

Miró a Aísa con cara de “no sé” y ella sugirió: “Te voy a trael un ron con cola, lo mejol de todo”. Y Juanito no pudo resistirse a la sonrisa y la propuesta de Aísa.

Esta es sólo una anécdota puntual, en un determinado momento, pero no te creas que es excepcional. Es una constante: en República Dominicana reina la sonrisa y la buena onda. Todos sonríen, saludan, piden por favor, agradecen y se esfuerzan por hacerte sentir cómodo.

Igual experiencia tuvo Juanito el día que fueron a isla Catalina, con el catamarán de ScubaCaribe (www.scubacaribe.com). Como parte de la excursión, se hace una parada para practicar snorkel; la instructora, Leticia, además de un físico privilegiado, muestra también su sonrisa debajo de una melena afro rubia (“teñida”, aclara).

Y a bordo del catamarán, el capitán y la profesora de bachata, Jacqueline, también sonríen, con ganas, con fuerza, una sonrisa visceral.

Si bien en los hoteles Riu esa es una “regla de la casa”, se repite permanentemente donde vayas. Claro, pensarás, como turista es lógico que te atiendan así. Es cierto, siendo turista se recibe una atención especial, pero no es sólo para los turistas ese trato, ellos son así.

Lo corrobora Teresa, la bella madrileña dueña de Chocolate & Cia (https://www.facebook.com/chocolatepuntacana/), quien nos cuenta: “Mira, tengo 25 empleados y todos son así, ellos viven, disfrutan y trabajan a su manera. Aquí el salario promedio es de entre 200 a 250 dólares, que no es mucho, pero con eso les alcanza y si son dos y ambos trabajan, tienen un buen pasar. Se contentan con eso”.

Y qué hablar de otro paseo al que los llevó Teresa, allá fue Juanito con el grupo, a conocer “La ruta del ron” (http://www.rutaronbarcelo.com). Partieron del Riu República a bordo del bus de Otium (www.otiumtour.com) y, tras un poco más de una hora de viaje, llegaron a las plantaciones de caña de azúcar de la Destilería Barceló, llamada AFD (Alcoholes Finos Dominicanos).

Allí, conducidos por un guía, hicieron un recorrido por la destilería para conocer los secretos de la elaboración del alcohol derivado de la caña de azúcar. A la entrada y a la salida, el camino lleva por los cañaverales en los que trabajan alrededor de 2.500 braceros, la mitad de ellos haitianos (cabe recordar que Haití comparte la misma isla con República Dominicana).

Atravesaron los barrios (batey) donde viven esos braceros haitianos, en precarias construcciones, algunas de material otras de chapas y cartones. Uno puede pensar cómo viven ahí; sin embargo, los miles que emigran cada año a República Dominicana lo hacen porque las condiciones de vida son infinitamente superiores a las de su propio y devastado país.

Y luego, siguiendo la ruta del alcohol extra fino de AFD, llegaron a la fábrica de ron de Barceló. Realmente, una experiencia inolvidable, si logra recordar algo luego de la cata de los distintos rones.

Entre los que probaron, Juanito se quedó con el Gran Platinum que, según su entender, es como “un caramelito”.

Con la sapiencia de Miguel, el guía, recorrieron toda la planta procesadora, desde donde ingresa el alcohol, hasta donde se envasa el ron, pasando por los distintos galpones donde madura en toneles de roble.

Y con la sonrisa de Miguelito (a esa altura, casi un pariente), se despidieron de la planta elaboradora de ron Barceló.

Un corto viaje los depositó en bahía Bayahibe donde, en el restaurante Capitan Kidd (Facebook: Restaurante Capitan Kidd Bayahibe Republica Dominicana), los esperaban para el almuerzo. Festín pantagruélico.

Y la despedida no podía ser de otra manera: un grupo de dominicanos sonriendo y agitando sus manos a modo de saludo.

Los dominicanos viven así, a su manera, y sonríen, siempre, a todo y a todos.

Es la isla de la eterna sonrisa.

 

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Vasco Erramouspe